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Amaraka

El Contrasentido

Lo que me motivó a escribir el presente artículo es la celebración del Día el Abogado este 12 de julio, como lo señala atinadamente la página de Amaraka, la celebración se remonta al año 1533 fecha en que se estableció la enseñanza del Derecho en la Nueva España.

Definitivamente a través de varios pasajes de mi vida, he constatado y ratificado que la profesión que elegí como modo de vida y, además, eje rector de mis valores y convicciones no podía haber sido otra que la práctica del Derecho.

Ser abogado supone muchas facetas.

Primero que nada, habría que establecer que, si no puedo entender profundamente el significado de lo que entraña establecer un respeto y orden que contemple a todos los que, por decisión, convivimos en sociedad y grupos organizados, no puedo tener cimientos sólidos para reputarme como practicante del derecho y de su vocación humanista.

Segundo, el derecho representa por si solo una premisa por demás complicada debido a que, por su naturaleza, defiende mi libertad de llevar a cabo todo lo que me complementa como persona y ente, pero en contraparte, también tiene por objetivo establecer los limites a ese ejercicio de mi libertad protegiendo la de los demás.

 

Tercero, el ejercicio de nuestra profesión siempre se encuentra en el ojo del huracán, debido a que en algunas épocas ha sido de lo más respetada, como versa el refrán “aquel que tiene en su familia un médico y un abogado, debe sentirse afortunado”, y a ultimas fechas muy devaluada debido a que, muchas opiniones, suponen que los abogados únicamente buscan complicarlo todo.

 

Cuarto, nuestra excepcional profesión al igual que los distintos grupos organizados en sociedad, han observado un proceso de adaptación constante equiparado al de la evolución de la humanidad en su conjunto.

Lo anterior, ha derivado en un nivel de especialización en diversas ramas que, consecuentemente, obligan a los profesionales que elegimos esta profesión a una actualización y evolución constante a efecto de mantener vigente su valía y relevancia.

En ese orden de ideas, me gustaría compartir varias reflexiones que sustentan mi orgullo de pertenecer al gremio de los abogados.

 

Tendría que empezar por el gran ejemplo del abogado que, definitivamente, influencio mi vida de manera significativa y represento el ideal a alcanzar como profesionista y ser humano, mi PADRE.

Provengo de una familia conformada de abogados, al igual que mi padre, tanto mis hermanos como yo elegimos esta noble profesión y, además, elegimos como compañeros de vida también a compañeros de profesión.

 

Para continuar, tendría que destacar la versatilidad que representa nuestra profesión como supone mucha gente, en la simple aplicación de reglas y principios de manera aislada.

No deja de sorprender el hecho de que, como lo pueden solicitar diversos interesados, mismas premisas puedan tener distintas ópticas e interpretaciones.

Lo anterior, genera diversas opiniones de que los abogados no necesariamente tenemos una posición definida, sino que puede cambiar dependiendo del interés o causa que se defienda.

En mi opinión, resulta un tema álgido de abordar ya que supone el reconocimiento humilde de que el derecho es una disciplina de apoyo a otras y, por tal motivo, supone poner todo su empeño y conocimiento al servicio de objetivos determinados.

Aquí es importante recordar nuestro compromiso para con la ética y la verdad, no importando cual sea el objetivo que persiga cualquiera de nuestros representados, esta por encima del eje rector que nos define y determina que es la búsqueda sin descanso de la justicia y equidad en todos los ámbitos humanos; lo que supone no comprometer nuestra convicción en intereses mezquinos o contrarios a las instituciones y principios que sostienen a la sociedad en su conjunto.

A través de mi ejercicio profesional de más de 30 años, he experimentado tanto en el sector público como privado un retroceso en la valoración que se tiene de nuestra profesión; lo que, en mi opinión, tiene un impacto innegable en el desgaste que estamos experimentando en todos los ámbitos, particularmente en la falta de respuesta ante la pandemia que estamos padeciendo a nivel mundial.

El orden establecido (reglas y normatividad) se percibe como un obstáculo y limitante, en lugar de como promotor y coadyuvante de las soluciones.

Por tal motivo, refrendo mi decidido compromiso para con la sociedad y para con, como lo define su naturaleza, la humanidad; a continuar de manera ética y profesional con el ejercicio del derecho en beneficio de preservar las instituciones y constituirme, como antaño, en una figura digna de respeto y admiración, pero con la humildad que conlleva nuestra magnifica y noble vocación.

Muchas felicidades a todos los abogados y abogadas que luchamos desde cualquier ámbito y trinchera por construir un México mejor. Y un saludo al mejor abogado que jamás pude conocer por sus enseñanzas de vida y ejemplo mi PADRE